Subcampeones
Perdimos la guerra, pero ganamos una pequeña batalla.
Leo con pesar que las jornadas sobre la guerra civil de peculiar título se aplazan, aunque huele un poco a que lo harán sine die, veremos. Y digo «con pesar» porque, mirando con atención los ponentes originales —veintinueve hombres, seis mujeres; ahí, a tope con la paridad—, descubro que no pocos de los que iban a debatir llevan años negando el debate y la memoria bajo la excusa de que aquello está pasadísimo de moda, y que es la progresía, el rojerío, el wokismo o como cada cual prefiera llamarlo el único reducto que se empeña en seguir hablando de ello. Se ve que, aunque sea solo por el vil metal, un poco de interés sí que les quedaba a los que andan llamando subcampeones al otro bando.
Se aplazan, digo, y su organizador, el insigne productor de best-sellers Arturo Pérez-Reverte (no sé a quién he tomado prestado el calificativo; juraría que al periodista Pablo Batalla), Donarturo para los amigos, ya ha corrido a calificar de descortés al autor de La península de las casas vacías y último premio Nadal, David Uclés. Hombre, Donarturo, si usted usó la marrullería y las medias verdades para acoplar en sus jornadas al autor del momento sin revelarle la mercancía averiada que se escondía en el evento, poca descortesía veo yo aquí.
Pero a nadie debería extrañar el ruido del cartagenero: de hecho, es su seña de identidad. Del mismo modo que Isabel Díaz Ayuso se sirve de las salidas de tono para evitar hablar de lo suyo, Arturo Pérez-Reverte lo hace a sabiendas de que, debajo de los excesos verbales, la bronca y los chorretones de testosterona, no queda casi nada. Eso, sin contar con que, tal como explicó el mencionado Pablo Batalla, tiene más pericia moviéndose en saraos y tocando puertas de relumbrón que ante la máquina de escribir, el portátil o lo que quiera que utilice. Dicen las malas lenguas que Francisco Rico, ilustrísimo académico (este sí) con el que mantuvo una agria disputa hará este año un decenio, lo llamó Bic Cristal. No he encontrado en ninguna parte la confirmación de que aquello realmente se pronunciara, ma, se non è vero, è ben trovato.
“Si usted usó la marrullería y las medias verdades para acoplar en sus jornadas al autor del momento sin revelarle la mercancía averiada que se escondía en el evento, poca descortesía veo yo aquí”
En un mundo en el que se escriben más de dos millones de libros cada año, la mejor manera de destacar es el ruido, no la calidad de la pluma. Que se lo digan al último Planeta, último exponente de que los premios literarios son una chufla en no pocas ocasiones. [Interrumpo mi soliloquio para comentarles que, entre las distinciones de Bic Cristal en Wikipedia, te mezcla una medallita que le entregó el Partido Cantonal de Cartagena con una mención en The New York Times a una novelita suya como uno de los mejores libros de bolsillo del año]. Y este ruido bronco que acompaña al personaje ha sido, una vez más, el que lo acompaña en la despedida (temporal) de las jornadas que con tanto mimo organizó.
Me sorprende que un personaje que tan a menudo tira de hombría esté justificando el aplazamiento en modo perrete pequeño del meme, con motivos tales como «La intención expresada en las redes sociales por grupos de ultraizquierda, proponiendo manifestarse de forma violenta». Miren, desconozco qué violentos propósitos albergaban esos supuestos alborotadores —soy una orgullosa desertora de la pocilga de Elon Musk— pero, de proponer estos la violencia en redes sociales, diría que estamos ante un delito de amenazas, como poco, que recoge el Código Penal; eso, si Donarturo no se decide a desafiarlos a un duelo al amanecer (elijan arma). No sé, Rick. Para empezar, el propio enunciado es, cuando menos, falaz. No, la guerra no la perdimos todos, como bien se empeñan en recordarnos cada vez que intentamos reivindicar la memoria pisoteada de nuestros ancestros.
“De proponer estos la violencia en redes sociales, diría que estamos ante un delito de amenazas, como poco, que recoge el Código Penal; eso, si Donarturo no se decide a desafiarlos a un duelo al amanecer”
Y, si Donarturo chilla en redes sociales, presume de mala hostia, se ufana en el insulto, defiende la tilde en «solo» por sus cojones morenos o practica el machismo más casposo, David Uclés habla bajito, casi susurrando. Es el reverso de aquel. Practica una masculinidad amable, cercana; usa una indumentaria que a mí particularmente me reconforta, que conecta con lo popular, diría que con lo rural. David lleva boina; Donarturo, sombrerito de ala corta ladeado y gabardina, como los machotes del noir. Juntos, forman una estampa digna de Los santos inocentes.
Uclés ha decidido, por mor de esa misma libertad de expresión que jalean los que para nada la quieren ni la convocan, bajarse de ese adefesio. El mismo Uclés que tuvo que huir de X porque recibió, él sí, una violencia verbal fuera de toda duda, es poco sospechoso de pertenecer a una izquierda radical: basta con adentrarse en La península de las casas vacías, un libro últimamente muy vilipendiado por los campeones de la guerra que no perdimos todos. Pero claro, para eso hay que leer.

